miércoles, 14 de agosto de 2013

Agbar, torre de la desigualdad.

File:Torre Agbar - Barcelona, Spain - Jan 2007.jpg''Desde 1867, las empresas que forman Agbar han llevado el futuro a la gestión del agua y del medio ambiente, con la aplicación continua de nuevos desarrollos, avances tecnológicos y conocimiento''

Asi es como se definen a si mismos los empresarios de Agbar, una multinacional con presencia en nueve paises fuera de España.
Es curioso que hablen de nuevas tecnologías y desarrollo y que las propia torre donde tienen su sede aquí en Barcelona sea un cántico a lo futurista, con esa horrible forma fálica y que se ilumina cada noche para recordarnos que estará ahi a menos que algun rebelde con iniciativa  la vuele por los aires.
Con todas estas referencias, podemos pensar que la corporativa Agbar está a un paso de convertirse en entidad dominante, controlando el liquido vital, manipulando nuestras conciencias con el fin de que jamás nos rebelemos y sigamos mendigando por esa ínfima gota de agua que rebalse nuestro vaso, aplacando nuestra sed, callados y sumisos, rezando a quien sea para que no nos corten el agua o la suban de precio. Porque es ahi, en ese consolador gigantesco donde miles de empresarios, se mofan de nosotros, intentando hallar la forma de hacernos la vida un pelín mas complicada. Estoy segura de que aqui a 10 años, la torre se habrá convertido en un claro símbolo de megacorporación futurística, asi como muchas otras empresas. Peinando el cielo pretenciosamente, mientras minucias de edificios luchan por igualarse a su esplendor.
Y en este distrito se instala el mercadillo de Glories, donde la clase obrera, animada realiza compraventa de bienes a bajo precio. Un humilde estilo de compra, contrastante con el impuesto en el centro comercial cercano a la torre donde el consumismo masivo está a la orden del día. Y aun asi esta construcción que costó 131 millones de euros se ha convertido en un referente de la ciudad, solo para promover el turismo, para seguir favoreciendo a la élite ciudadana y no bajar de rango en la cadena trófica del capitalismo.

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